La semana pasada contábamos en nuestro blog el porqué estaba prohibido desear buena suerte en el teatro. Con este artículo cerramos el apartado supersticiones que rodean al mundo del teatro explicando diez de las supersticiones principales.

1. El amarillo está proscrito.

El color amarillo está totalmente proscrito en el mundo de la escena, hay incluso quien se pone nervioso si alguien del público lo lleva. Al parecer esta superstición nace de la muerte en escena del dramaturgo frances Jean-Baptiste Poquelin, Molière. En febrero de 1673, Molière estrenó «El enfermo imaginario», y vestía de amarillo en escena. En un momento de la representación se sintió indispuesto y pocas horas después moriría en su casa. Desde entonces, se considera este color gafe para el escenario. Con el estreno de «Salomé», de Oscar Wilde, cuyos bocetos de escenografía estaban dominados por el amarillo, se acrecentó la fama de esta superstición ya que la representación pública de la obra fue prohibida en Gran Bretaña hasta 1958.

2. Cuidado con los espejos.

Que se rompa un espejo equivale, según el acerbo popular, a siete años de mala suerte, y no solo en el mundo de la escena, donde son sinónimo de mal fario incluso sin romperse. De todos modos, y supersticiones aparte, los espejos reales son elementos peligrosos encima de un escenario, porque presentan problemas técnicos con las luces, y pueden ser causa de distracción para algún actor o actriz poco concentrados.

3. Ni se te ocurra regalar claveles.

Si habéis pensado alguna vez en enviar flores al camerino de un actor o una actriz -algo que ellos agradecen mucho-, no se le ocurra incluir claveles en el ramo. Esta superstición procede, al parecer, del siglo XIX. Entonces, los teatros contrataban a los intérpretes por temporadas y su manera de comunicar la renovación del contrato a una actriz era enviarle rosas. Si, por el contrario, le enviaban claveles, era la sutil manera que tenía el empresario de decirle que estaba despedida.

4. Macbeth, la obra maldita.

La gente del teatro evita decir la palabra «Macbeth» en escena y se refieren a ella como «la obra escocesa». De hecho, existe incluso un ritual en el caso de que alguien la pronuncie para limpiar la maldición: salir del teatro, escupir en el suelo, girar sobre sí mismo tres veces y pedir a gritos poder volver a entrar en la sala. Su origen tampoco está claro. Hay quien culpa a Shakespeare, por incluir conjuros y maldiciones auténticos en el texto. Otros dicen que a las brujas reales maldijeron la obra porque no les gustó el trato recibido. Y los más prácticos esgrimen otro argumento, quizá el más elocuente: hay tanta violencia y armas en ella que no es difícil que surjan accidentes. El mal fario empezó en el mismo estreno de la obra, en 1606, cuando el actor que interpretaba a Lady Macbeth (en el teatro isabelino no se permitía actuar a las mujeres) enfermó repentinamente y murió entre cajas. Los percances a lo largo de la historia han implicado a actores como Laurence Olivier o Charlton Heston.

5. Prohibido tejer lana en el teatro.

Los actores pasan en ocasiones muchos tiempos muertos en sus camerinos, esperando salir de nuevo a escena o aguardando en los ensayos y han de entretenerse con algo. Pero tienen prohibido tejer algo con lana, eso significa mala suerte para todo el reparto de la obra. Ya sabéis actores, llevad un buen libro en los tiempos muertos!

6. Prohibido totalmente silbar.

Silbar en escena es sinónimo de mala suerte. Por lo menos para quien lo haga, ya que la tradición exige que sea despedido. Todo parece provenir de la época en que no había otra forma de comunicación que la voz. Los técnicos trasladaban las órdenes dadas por el director mediante silbidos codificados. Si una persona ajena a ellos silbaba a destiempo, podía provocar una catástrofe en escena.

7. El libreto bajo la almohada.

Algunos actores, durante el período de ensayos, dormían con el libreto bajo la almohada. No es que se hubieran enamorado del texto o de su personaje, sino que existía la creencia de que así les sería más fácil aprenderse el papel; por el contrario, otros lo consideran signo de mala suerte. En cualquier caso, siempre es más seguro tratar de aprendérselo a base de estudio y repetición.

8. Dejad una luz siempre encendida.

Nunca ha de dejarse el escenario completamente a oscuras. La razón, los fantasmas. En el mundo del teatro son innumerables las historias y las leyendas sobre fantasmas. La más famosa, la que recogió Gastón Lerroux en su novela «El fantasma de la Ópera». Para ahuyentarlos, siempre permanece una luz encendida en el escenario o entre cajas.

9. Ojo a las plumas de pavo real.

Las plumas de este animal están mal vistas no solo en el teatro. Los coloridos dibujos de estas aves, que pueden recordar a un ojo diabólico, parecen tener la culpa de ello: significan mal de ojo. Según la tradición, han ocurrido muchos sucesos desagradables y accidentes en escena con un denominador común: en ella había una pluma de pavo real.

10. Prohibido desear suerte.

Acabamos con una de las supersticiones más conocidas, podéis ver en detalle el porqué de no desear suerte en el teatro en nuestro anterior artículo.