Continuamos con nuestra serie de las técnicas de interpretación más famosas del mundo. Esta vez, nos centramos en Michael Chekhov.

Mijaíl “Michael” Aleksándrovich Chekhov (Chéjov) fue uno de los alumnos más aventajados de Stalisnavski, según el mismo Stalisnavski. Era sobrino de uno de los más grandes dramaturgos Antón Chekhov, también considerado como uno de los mejores escritores de relatos cortos de la historia. Con esas credenciales familiares no es de extrañar que llegase lejos.

Su técnica difiere de la de Stalisnavski en que Chekhov desarrolló lo que denominó “Gesto Psicológico” que consiste en realizar un movimiento físico que exprese la psicología (pensamientos, sentimientos y voluntad) del personaje a interpretar. Chéjov y Stanislavski ansiaban un sistema más perfecto de preparación del actor, pero Chéjov buscaba también un estilo más perfecto de comunicación con el público. Soñaba con una forma de actuación que incluyera un componente más amplio y más profundo, más cercana a la religiosidad extasiada de los antiguos griegos que al mezquino comercialismo y a la politiquería del teatro de la Rusia de la época.

Su libro “Sobre la técnica de actuar” es uno de los libros más influyentes sobre interpretación y de lectura obligatoria para quien tenga ciento interés sobre el tema. Johnny Depp y Anthony Hopkins en sus entrevistas para “Inside the Actors Studio” mencionan que el libro de Chekhov ha sido una gran influencia en sus carreras.

La idea de que un actor puede “ir más allá del dramaturgo o de la obra” es la primera clave para comprender la técnica de Chéjov y hasta qué punto difería de las enseñanzas de Stanislavski. Chéjov dio la vuelta a la preparación actoral de Stanislavski. En lugar de las dos partes del sistema estanislavskiano, el “trabajo sobre sí mismo” seguido del “trabajo sobre su propio papel”, Chéjov convirtió la imaginación y el trabajo sobre el personaje en sus fundamentos básicos. En la técnica de Chéjov, todos los ejercicios derivan de estos fundamentos.

Su teatro ideal consistía en unir la verdad interior y la profundidad emocional del sistema de Stanislavski con la belleza y el impacto visual de la obra de Steiner (perfección en la ciencia del lenguaje visible tratando de transformar el sonido y el color en movimiento mediante danzas espirituales).

El trabajo en su estudio se basaba sobre todo en sus experimentos sobre el desarrollo del personaje. Chéjov rara vez preparaba una clase. Sobre la base de su propio inconsciente colectivo o étnico, los estudiantes trataban de reencarnarse como sus personajes. La técnica de Chéjov se basaba principalmente en imágenes, especialmente en imágenes viscerales, que pasaban por alto los procesos mentales complicados. Por ejemplo, en vez de decir al actor que se relajase (concepto abstracto: ¿por dónde empiezo?, le decía que “caminase con un sentimiento de facilidad”. Otro ejemplo: en vez de decir que se sentase erguido le decía que “pensase hacia arriba”. Chéjov adiestraba a sus estudiantes para encontrar estímulos externos, ficticios, al margen de sus experiencias personales que pudieran avivar sus emociones y sus imaginaciones (el halo de misterio y las atmósferas). La estimulación sensorial provenía de la creación de atmósferas y cualidades, o expresiones externas que, al sumarse al movimiento, provocaban los sentimientos representados por los gestos.

Otro aporte destacado de Chéjov es la introducción del concepto de “Cualidad de Movimiento” el cual se ve por primera vez en su libro “Al Actor”. En él, Chéjov (Junto con María Knevel) establecen que el personaje y el actor basan sus acciones y emociones en diferentes características las cuales fueron clasificadas en cada una de las cualidades, las cuales son:

Vuelo, Flote, Deslizamiento, Retorcimiento, Presión, Rebote, Aleteo y Azote.

Hay una novena cualidad de movimiento llamada “Irradiación” sin embargo, entre los teóricos de la actuación y del sistema Stanislavski hay aún discusión.